La
vida no es lo que vives
Sino lo que recuerdas para contarla
Oído en un Jardín de niños
Dicen
los que saben que la vida está llena de recuerdos y sólo la persona que los
tiene en abundancia; puede presumir realmente que, no sólo ha vivido, sino que
lo ha hecho a plenitud y puede presumirla.
En su autobiografía
“Vivir
para contarla”
El siempre bien recordado Gabriel
García Márquez
Escribió:
“La vida no es lo que vivimos sino
como la recordamos para contarla”
y
tenía mucha razón.
Esto
lo vemos en las llamadas “Casas de retiro” donde viven
permanentemente o van como si estuvieran en una guardería adultos mayores; por lo general de 70 años o más que lúcidos los menos o no, lo único que guardan en su mente; no es lo que vivieron; sino nada más lo que recuerdan de su larga
vida.
Un día de tantos llegó a una de esas
casas; llamémosla:
“La última morada”
Una mujer de alrededor de 80 años.
Todavía lucía bien y caminaba “derechito” y daba pasos firmes. También su
semblante era el de una persona que estaba coherente; sin los estragos
que causa la “demencia senil” o hasta el “Alzheimer tan común en los residentes
de estas casas:
Dijo
llamarse Marianela y ser abogada retirada
Lo
extraño del caso, es que contra la principal y básica regla de este tipo de
instituciones; Marianela llegó a “inscribirse” sola y los encargados de la
casa; la vieron tan bien y lúcida que no le pidieron que viniera acompañada; de
uno o dos familiares casi siempre hijos; para que se hiciera responsable de
ella.
Lo que los llevó a aceptarla sin ese
requisito indispensable; fue que la mujer se presentó con una muy buena
cantidad de dinero en efectivo y pagó por adelantado tres años completos de
estancia. Además los papeles con los cuales se identificaba como:
Acta de nacimiento, curp y credencial
de elector
parecían
reales
Así transcurrieron dos años y
Marianela era una de las residentes más activas y participativas del lugar.
Comía sola; se bañaba sin ayuda; no usaba pañales. En fin, era una mujer, que a
pesar de sus 80 años era autosuficiente en todos los aspectos; sobre todo en lo
relativos a su aseo personal.
Dos
años después se presentó una mujer muy elegante de 50 años; se acreditó
perfectamente y le dijo al encargado de:
“La última morada”
“Soy Rosenda Arcos y estoy buscando a
mi mamá”
Les explico que hace dos años no sabía
nada de ella y que también se llamaba:
Rosenda Arcos
Cuando la subieron a la sala y vio a
Marianela les dijo:
“Es ella”
Rosenda Arcos
Se trataba de una actriz retirada
Les había dado el nombre
Y papeles falsos
Del papel más importante de su
carrera
De
la película:
“¿Alguien ha visto a esa mujer?”
“Marianela”.
Casa
de Las Lunas
22:00
-23:00
p.m.
10/X/2026
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