Hay
veces que la única respuesta es sí
Oído
en el Registro Civil
Dicen los estudiosos de la personalidad
y del comportamiento humano a los cuales también les gustan mucho los términos como
“Auto estima” que de vez en cuando le debemos decir:
“No” a la gente cuando nos
pida algo.
Con esto afirman; la persona que sabe
decir un “No” a tiempo la larga se ahorrará muchos problemas y sobre todo no
tendrá que lidiar con gente que resulta poco o nada agradable.
Pero
hay ocasiones que el “No” como respuesta; resulta una opción poco o nada
probable sobre todo si nos encontramos en una situación específica; donde sería
inaceptable decirlo.
Esto lo sabía muy bien:
Marco Antonio López Peralta
que,
aunque no era sicólogo ni sociólogo; había convivido con mucha gente en su vida
Licenciado en Periodismo y profesor de
preparatoria quizá no por elección: sino porque un día lo invitaron a dar
clases: le gustó el contacto directo con los jóvenes y así llevaba ya 15 años.
De 35 años que a finales de siglo pasado equivaldrían mínimo a 45; pero hoy en 2026 son como 25 años; por supuesto
dependiendo de la forma de pensar y de la condición física y de salud de la
persona.
Y sí, Marco Anntonio parecía más de 25
que de 45 años y eso se reflejaba en su forma de dar clases y también en su
existencia diaria; la cual trataba de vivir y llevar lo más tranquilo posible.
A principios de año su amigo Fernando
Martínez Mendoza que además de exalumno; era profesor de la “Universidad
Autónoma de la Ciudad de México (UACM) le dijo:
“Deberías experimentar y dar clases a
nivel superior. Si no te gusta o no te sientes cómodo; te regresas a la
preparatoria y no pasa nada”.
Aunque
nunca estuvo en su mente dar clases en una universidad aceptó la invitación de
su camarada; para ver qué tan diferente era darles clases a adolescentes que a
jóvenes adultos de entre 20 y 22 años.
Llegó expectante el primer día de
clases de esta nueva aventura para él. En lugar del maestro parecía un alumno
de nuevo ingreso; emocionado de entrar a un nuevo ciclo escolar con todo lo que
implicaba.
Y ahí estaba sentada ella en la
primera fila del salón en mero en medio y enfrente del pizarrón. Era la alumna
más bonita que había visto desde que entró a dar clases hacía ya 15 años cuando
lo invitó otro amigo.
Era una combinación entre:
Rosita Arenas en “¿Qué te ha dado esa
mujer?” (Ismael Rodríguez 1951)
Y:
Silvia Pinal en: “El inocente”
(Rogelio A. González 1957)
Pudo contener las emociones que le
generó esta aparición casi mágica y bíblica. Dio la mejor clase de su vida; fue
tan buena su cátedra; que poco faltó para que los alumnos se pararan de sus
asientos a aplaudirle.
Por eso después de los 50 minutos
cuando dio por terminada la sesión la alumna en cuestión:
Que se llamaba Mané le preguntó
-Profesor me contaron que es nuevo
aquí:
¿Se va a quedar más semestres para
darnos clase?
Antonio López Peralta
Sabía que era imposible
Dar un “No”
Como respuesta.
Casa
de Las Lunas
22:00
- 23:00 p.m.
24/X/2026