Hay
gente que no lee ni un recado
Oído
en la SEP
Según
los teóricos del cuento; más allá de su tema y la estructura que tenga; en lo
que se ponen de acuerdo es en su duración o tamaño. Puede ser desde una frase
como el célebre escrito por:
El guatemalteco Augusto Monterroso
Cuando despertó el dinosaurio seguí a
ahí
hasta
un máximo de 15 cuartillas
Porque
también señalan los estudiosos de los relatos cortos; que a partir de la hoja
número 16 se convierte en novela; de nuevo sin importar otra cosa que su
extensión.
En cuestión de su forma hay escritores
que dicen que lo principal para que, un relato se convierta en cuento; es el
final y que éste debe ser sorpresivo para el lector.
En esto pensaba Rodrigo Valdés Ramírez
cuando se puso a escribir su cuento más reciente. Para él la extensión nunca
había sido problema; porque sus cuentos difícilmente rebasaban las dos
cuartillas.
Aunque
no era maestro de literatura; le decía a todos los que lo querían escuchar que:
“Si un cuento no tiene un final
sorpresivo: No es cuento”
Con y bajo esa premisa escribía sus
historias
También muchas veces tenía en mente el
final y en base a él; escribía toda la historia; para que ésta se acomodara a
lo que tenía pensado que terminara; aun antes de comenzarlo.
Muchas veces no sabía de qué tratarían sus cuentos y literalmente dejaba que
se:
“Se escribieran solos”
Aunque esta afirmación parece pose;
llega a ocurrir y lo único que hace el escritor es dejarse llevar y redactar
casi de forma automática; hasta llegar al final del cuento.
Así estaba el sábado 12 de septiembre
cuando escribía su nueva historia para publicarla en su blog; en donde ponía de
lunes a sábado un ensayo y los domingos el cuento referido.
En
eso estaba cuando se despertó como en el micro cuento de Tito Monterroso y se
dio cuanta, que como en muchas ocasiones le pasaba, se había quedado dormido
frente a su laptop:
Y:
Rodrigo Valdés Ramírez
No había escrito nada
Todo lo había soñado.
La
Casa de Las Lunas
22:00
– 23:00 p.m.
12/IX/2026
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