Este blog fue creado pensando en Dacne y está dedicado a Wendy González Salinas

domingo, 20 de diciembre de 2015

EL BOLETO (CUENTO) Por Carlos Bernal Romero

La  peor  maldad  es  la  de  las  mujeres inocentes
Chabelo

A principios de los 80’s se hizo muy popular una frase en la Ciudad de México:

“A nadie se le niega un vaso de agua; ni un boleto del metro”

Pero cuando subió a cinco pesos; se tuvo que borrar para siempre lo del boleto; ahora casi nadie regala uno porque los tenemos contados y cuándo alguien nos pide uno; nos hacemos los desentendidos.

Ahora la práctica más común entre los usuarios de este transporte colectivo; es comprar exactamente los que se van a usar ese mismo día; ni uno más ni uno menos por lo que nunca sobran.

Susana  Velázquez  León y su hija Alicia Méndez Velázquez habían aprendido a vivir solas desde hace cinco años; desde que “El hombre de la casa” falleció en un accidente de tránsito cuando regresaba de trabajar.

“Contra viento y marea” pudieron subsistir en esta “Ciudad de sobrevivientes”  y “Para bien o para mal” les llegaba con una nueva ilusión para empezar su día con una sonrisa.   

Le enseñó a Alicia a enfrentar la vida diaria con optimismo;  diciéndole que por ningún motivo “bajara los brazos” porque ella siempre estaría ahí para apoyarla.

La vida en el Distrito Federal resultaba muy difícil para dos mujeres solas sobre todo si no  tenían una profesión como le sucedía a este par; que aún así, no se daban por vencidas tan fácilmente.

Susana trabajaba como costurera en uno de los tantos talleres donde las explotan como a los esclavos negros que trabajaban en las minas en la época de la Colonia; con sueldos bajísimos y sin prestaciones.

Casi siempre a la final de la quincena no contaban con dinero. Ya solo tenían lo básico para esperar el siguiente pago. Así era desde hace un lustro, pero a los 60 años; Susana no podía aspirar a un trabajo mejor.

Alicia de 40 estaba imposibilitada para trabajar; debido a que padecía una rara enfermedad que la hacía dormir a cualquier hora y por eso dependía por completo de su madre.

Un día que habían ido al Centro; al regresar al metro, Susana se dio cuenta que nada más tenía un boleto y cinco pesos para comprar  otro para  irse a trabajar al día siguiente  Al ver la angustia de su progenitora,  para tratar de ayudarla:

Alicia Méndez Velázquez  a sus 40 años 

Le dijo:

“Si quieres me paso por debajo de los torniquetes”

Comedor de la Casa de Dacne
22:00  -  23:00 p.m.
19/XII/2015

1 comentario:

Unknown dijo...

Muy ciertamente Caballero pero es mas preocupante con las tarjetas en la línea 12, cuando fui no pude comprar boleto si no que tuve que pedirle a un amable joven me prestara su tarjeta para pasar y si me daban ganas de pasarme por debajo pero había vigilancia