Póngale un poco más de ron al café Doña Gertrudis
Oído en La Lagunilla
Los
velorios en México y sobre todo en la capital pueden ir desde la auténtica
pachanga como en las películas mexicanas y la canción del Maestro Chava Flores:
“Cerró sus ojitos Cleto”
hasta
melodramas dignos de una truculenta telenovela
Lo
que no puede faltar en ninguno de los dos casos es la bebida y la comida. Desde
un sencillo: “Café con piquete” (que puede ser ron, tequila o mezcal) y
galletas o pan dulce; hasta auténticas cenas (que incluyen botanas, canapés,
refrescos y hasta jugos)
Alberto y José Juan se habían quedado
de ver en el “Sanborns de Pabellón Cuauhtémoc” para primero desayunar y después
pasar un día agradable como hasta las ocho de la noche; en que José Juan
llevaría de regreso a Alberto a su casa.
El primero descansaba los martes y más
o menos se quedaba de ver con el segundo cada tres semanas o un mes para pasar
un día tranquilo; que casi siempre terminaba con una comida cena preparada por
Esther, la esposa de José Juan con la que Alberto se llevaba muy bien.
Recién
jubilado JJ, era dueño total de su tiempo y podía manejarlo como mejor le
pareciera. También tenía la manía desde hace bastante tiempo de traer muy poco
efectivo en la bolsa; porque le gustaba pagar absolutamente todo con tarjea de
crédito o de débito.
El sábado cinco de abril después de
desayunar le dijo a Alberto, que esta vez no irían a su casa, porque tenía que
hacer un encargo; que si quería lo acompañara o lo podía dejar en una estación
del metro.
Para pasar la tarde como siempre,
aceptó irse con él. Se tardaron mucho más de lo planeado y por tal motivo José
Juan no paso al cajero automático a sacar dinero para comprar cosas para la
comida; como era su costumbre.
Cuando
se dieron cuenta ya eran las nueve de la noche y José Juan le preguntó a
Alberto:
-¿Quieres cenar tacos?
Como desde la mañana no había probado
nada y tenía hambre respondió:
-Por supuesto
Fueron a una taquería que le gustaba
mucho a JJ, pero que no aceptaban tarjetas de crédito y se acordó que tenía
menos de 100 pesos en la bolsa y se lo comunicó a su amigo que le dijo que se
estacionara para pensar lo que harían.
Sin darse cuenta lo hicieron frente a
una funeraria y cuando estaban a punto de bajarse del auto; salió un hombre del
interior y les preguntó:
-¿Vienen al velorio?
Sin pensarlo dos veces y sorprendiendo
a su amigo Alberto:
José Juan respondió:
-Sí.
La Casa de Las Lunas
22:00 – 23:00 p.m.
5/IV/2025